@Antonio Santo | 09 de Febrero de 2012 | 10:39
La importante carga erótica del videojuego Catherine, que se lanza en España el día 10 de febrero, ha vuelto a poner en el candelero el tema de la conveniencia (o no) de permitir contenidos eróticos o sexuales en el ocio electrónico. Un debate antiguo que, junto con el de la violencia, sigue sobrevolando a esta poderosa industria cultural.
Los videojuegos han madurado a toda velocidad en su corta historia de poco más de 30 años de vida. En principio apenas un divertimento para un público muy cerrado y para niños, desde mediados de los 90 esta forma de ocio empezó a crecer para alcanzar a públicos cada vez más mayoritarios. Hoy día nadie duda de que hay videojuegos para toda clase de públicos, tanto infantiles como adultos. Y gracias a que, al fin, se empieza a considerar el ocio electrónico como una diversión también para adultos, empezamos a librarnos de ciertos tabúes que oprimían la industria.
Sexo, drogas, lenguaje malsonante... Tabúes culturales que, tradicionalmente, tenían acceso prohibido a videojuegos. Unos tabúes que están más que superados desde hace siglos en la literatura, que en el cine también se consiguieron dejar atrás y de los que los videojuegos empiezan a liberarse. Hasta ahora las escasas referencias eróticas en videojuegos eran, salvo honrosas excepciones (ahora mencionaremos alguna) y en el mejor de los casos, cuidadosas elipsis para evitar que la censura impidiera la publicación de un juego. Se daba pues el extraño caso de que, incluso en historias inconfundiblemente adultas por su complejidad, el enfoque de las relaciones amorosas era tan naif como en el cine de la época dorada de Hollywood. Por ejemplo, el clásico juego de rol Baldur´s Gate II permitía la posibilidad de crear vínculos amorosos entre el protagonista y algún miembro de su grupo... Pero esta relación era tan poco creíble que esta opción no pasaba de ser una anécdota.
No podemos negar que la necesidad de elidir estas cuestiones ha creado grandes secuencias no sólo en los juegos, sino en todas las artes (pongamos el ejemplo de la evidente metáfora del tren entrando en un túnel al final de Con la muerte en los talones). Y, desde luego, no se trata de meter con calzador una escena de sexo en cada obra, como ocurre en muchas ocasiones precisamente en el cine (donde, a falta de talento, muchos directores añaden carne). Pero es absurdo, a la hora de contar una historia, fingir que el sexo no existe. No se trata de caer en la pornografía, ni siquiera de buscar el erotismo: sencillamente aceptar que, al igual que ésta es un área importante en la vida de una persona adulta, es algo que en muchas ocasiones puede afectar al desarrollo de una historia. Además de eso, unas gotas de humor canalla e irreverente pueden ser también un buen elemento para un videojuego... Siempre que estemos hablando, por supuesto, de un juego dirigido a personas adultas.
A continuación vamos a ver algunos ejemplos, pasados y presentes, de videojuegos en los que el sexo juega un papel importante. Como se puede comprobar, en los títulos del pasado el sexo aparecía casi siempre en juegos eróticos, en juegos satíricos o directamente en auténticas bazofias que intentaban utilizarlo como reclamo, pero casi nunca en historias serias de calidad.
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