@Antonio Santo | 05 de Septiembre de 2011 | 20:15
Es difícil plantarse delante del
teclado para escribir un análisis de lo que es Xenoblade:
Chronicles. Se trata de un juego tan enorme, con tantas opciones y
detalles que uno querría destacar, con un mundo tan gigantesco y
lleno de vida, que realmente uno no sabe por dónde empezar a
describirlo todo. Para hacerse una idea basta decir que, tras más de
25 horas jugando a Xenoblade, apenas he rascado en la superficie de
la historia. Así que empezaré por decir mis conclusiones: estamos
ante uno de los mejores juegos de esta generación de consolas, un
clásico desde el momento en que salió al mercado; en la estela de
mitos del género como Chrono Trigger; título obligado para quien
tenga una Wii (y quien no la tenga, que consiga una cuanto antes).
En el principio del tiempo, dos titanes
grandes como mundos pelearon en mitad de un océano infinito. Durante
eones su lucha parecía inacabable, hasta que al fin se hirieron de
muerte el uno al otro y sus cuerpos quedaron petrificados en mitad de
la nada, como recuerdo de su batalla sin fin. Los restos fosilizados
de estos dos titanes se convirtieron en el hogar de innumerables
animales, grandes monstruos y también razas de criaturas
inteligentes. Las dos razas más importantes, los humas (humanos, a
todos los efectos) y los mechons (una especie de robots con aspectos
insectoides y, aunque sin capacidad de lenguaje, aparentemente
inteligentes), mantienen una guerra abierta desde hace años...
Guerra que habrían perdido los humas de no ser por la mística
espada Monado, que según la leyenda empuñó el mismo Bionis en su
lucha contra el titán Mechonis; la única arma que puede romper el
blindaje metálico de los mechon. Esta espada, de origen y verdadero
poder desconocidos, no puede ser controlada por cualquiera; en el
último conflicto, sólo el héroe huma Dunban fue capaz de
esgrimirla para expulsar a los mechon. Pero Dunban pagó un precio:
la espada consume a su portador; Dunban pudo sobrevivir
milagrosamente, pero su brazo derecho quedó inservible...

Un año ha pasado desde la última
batalla y los mechons no han vuelto a ser vistos. Dunban trata de
recuperarse de sus heridas en la ciudad huma Colonia 9; mientras, el
joven ingeniero Shulk estudia la Monado con el objetivo de
desentrañar sus secretos. La paz se ve perturbada cuando, sin previo
aviso, los mechons vuelven a asediar Colonia 9 y Shulk, con la ayuda
de su amigo de la infancia el soldado Reyn, se ve obligado a empuñar
Monado para defender su ciudad... La muerte de una persona muy
cercana a ellos a manos del mechon líder del ataque (el primer
mechon conocido con rostro) les empuja a una misión de búsqueda
para desatar el verdadero poder de Monado y conseguir vengarse de los
mechon y expulsarlos para siempre de Bionis.
Éste es el planteamiento de la
historia de Xenoblade: Chronicles. El desarrollo del juego es, más o
menos, el típico de los JRPG (juegos de rol japoneses), sólo que
incluyendo algunos elementos diferentes al clásico rol japonés para
hacer más atractivo y sencillo el juego al usuario. Manejamos al
líder del grupo de personajes, teniendo en todo momendo claro cuál
es el siguiente objetivo para avanzar en la historia principal (con
una útil flecha en la pantalla que nos indica vagamente la
localización del mismo); en nuestro camino por Bionis podemos hablar
con infinidad de personajes secundarios, que en muchas ocasiones nos
pedirán que realicemos misiones secundarias (normalmente, matar un
monstruo determinado, encontrar un objeto o hablar con otra persona).
Para evitar vueltas innecesarias y aligerar el juego, no es necesario
volver a hablar con quien nos encargó la misión para que ésta se
considere finalizada: normalmente basta con conseguir el objetivo y
el juego automáticamente da la misión por terminada y nos concede
las recompensas pactadas.
Estas misiones secundarias no son
imprescindibles para terminar el juego, pero sí es recomendable
realizar todas las que se puedan para que nuestros personajes ganen
experiencia suficiente para afrontar con mayor solvencia los retos de
la historia principal. Además, terminar con éxito las misiones
secundarias ayuda en muchas ocasiones a conocer más a fondo el mundo
de Xenoblade y mejorar la relación entre nuestros personajes, lo que
(como veremos más adelante) también nos sirve para saber más sobre
cada uno de ellos y descubrir recovecos ocultos de la historia. Otro
ejemplo de los elementos incluidos para hacer más agradable la
experiencia de juego es la posibilidad de viajar rápidamente por el
mundo de Xenoblade: según exploramos vamos encontrando marcadores a
los que podemos saltar automáticamente en cualquier momento con sólo
seleccionarlos en el mapa. Habida cuenta de la enormidad de Bionis y
de la gran cantidad de misiones secundarias a nuestra disposición,
se agradece no tener que recorrer de punta a punta cada escenario
constantemente.

Es importante destacar que Xenoblade:
Chronicles consigue que nos olvidemos de las evidentes carencias
técnicas de Wii. Gracias a una dirección artística soberbia y a un
gran trabajo por parte de Monolith (los creadores del juego) a la
hora de exprimir el hardware de la consola Xenoblade es visualmente
espectacular; si bien es cierto que se nota la falta de potencia
cuando los personajes se enfocan de cerca, el diseño de los enormes
parajes que recorremos es brillante. La hierba se mueve bajo el
viento con suavidad; vemos a lo lejos montañas envueltas por la
niebla, grandes barrancos, prados en los que pacen extraños
animales; pantanos iluminados por luces fantasmagóricas, en los que
los árboles parecen monstruos petrificados... La arquitectura está
muy bien diseñada; los oscuros interiores de minas y cuevas resultan
opresivos y claustrofóbicos. La primera vez que nos asomamos a un
acantilado y vemos, contra la luz del amanecer, la ominosa figura del
petrificado titán Mechonis en el horizonte, resulta sobrecogedor por
su belleza. Xenoblade: Chronicles hace de la necesidad virtud; ya que
no puede crear modelos absolutamente realistas, despliega una
estética digna de un gran anime que, pese a la falta de detalle
propia de los juegos de Wii, resulta tan efectiva como hermosa. Desde
Monolith siempre han afirmado que su objetivo era conseguir una gran
sensación de libertad en el jugador: se puede afirmar con toda
certeza que lo han conseguido. El diseño de los escenarios y la
historia imprimen en el jugador la sensación de estar delante de un
mundo vivo, gigantesco, lleno de rincones dignos de conocerse; es un
auténtico placer dejar a un lado por un momento la historia
principal y dedicarse a recorrer mundo y descubrir hasta el último
secreto de Bionis. Para que podamos disfrutar al máximo de las vistas, en todo momento Xenoblade nos permite girar y mover la cámara a nuestro antojo.
Pero volvamos a la historia de
Xenoblade: Chronicles. Nuestro protagonista es Shulk, el primer
portador de Monado que parece ser capaz de empuñarla sin sufrir daño
por el inmenso poder de la espada, y que poco a poco va descubriendo
nuevos poderes desconocidos de la espada mística; pero en el grupo
podremos llevar hasta dos personajes más, a elegir entre un total de
siete que llegaremos a tener a nuestra disposición cuando el juego
avance. Estos personajes (evitaré dar nombres ni explicaciones muy
concretas para evitar spoilers)
muestran perfiles diversos, desde el “tanque” Reyn (capacidad
para encajar grandes cantidades de daño y ataques poderosos pero
lentos) a estilos de combate basados en el apoyo mágico a los
compañeros, ataques muy veloces y agilidad para esquivar golpes...
El
sistema de combate es muy intuitivo y se coge prácticamente al
vuelo: a diferencia de clásicos JRPG como Chrono Trigger, los
combates en Xenoblade se desarrollan en tiempo real; manejamos al
personaje que hayamos elegido como líder del grupo (que no tiene que
ser Shulk a la fuerza, aunque éste sea el protagonista). Tras
seleccionar un monstruo como objetivo, nuestro personaje realiza
ataques normales de forma automática, que además de hacer
determinada cantidad de daño (en función del arma, la fuerza del
personaje y otros factores) recargan las artes, habilidades mágicas
que cada personaje posee y que van desde ataques mucho más potentes
que los normales a golpes que permiten tumbar a los enemigos,
sanación, auras de protección y un largo etcétera. En combate el
líder puede dar algunas órdenes sencillas (como dispersarse o
concentrar los ataques en un solo enemigo), ayudar a un compañero
caído o dar ánimos para aumentar la furia del equipo; todo ello
sirve para llenar la barra de afinidad de combate, que una vez
completa nos permite realizar un poderoso ataque en cadena que
conjuga los poderes de todos los luchadores de nuestro bando. Nuestro
equipo va aprendiendo artes nuevas según avanza la historia, y
además puede gastar puntos de experiencia (ganados al ganar combates
y terminar con éxito las misiones del juego) para aumentar el poder
de las artes de cada personaje. Entre los enemigos a los que
tendremos que enfrentarnos no sólo están los mechons: también hay
bestias salvajes y monstruos extraños, y entre todos ellos algunos
monstruos únicos, con nombre y poderes propios, que supondrán un
reto mucho mayor para las habilidades de nuestro grupo.
Por si
esto fuera poco, cada miembro del equipo tiene un árbol de poderes
que mejoran las capacidades de nuestro personaje, y además es
posible “compartir” poderes entre dos miembros del grupo siempre
que su afinidad sea alta... Y además está el asunto del equipo: al
igual que ocurre en clásicos como Dragon Quest o el ya mencionado
Chrono Trigger, podremos encontrar (o adquirir) diversas piezas de
armadura, ropa y armas que mejoran las capacidades de cada uno de los
personajes. Y no nos olvidemos de la creación de gemas, en la que
cada personaje tiene sus propias habilidades y con la que podemos
personalizar más aún nuestro equipo...
El
enorme mundo de posibilidades que ofrece Xenoblade no se queda en las
numerosas opciones de combate. Un tema importantísimo para el
desarrollo del juego es el de la afinidad de los personajes, que va
mejorando según nos ayudamos en las batallas, participamos en
misiones secundarias o hacemos que los personajes se regalen entre sí
objetos del inventario. Para empezar, cómo de buena sea la relación
entre los personajes del grupo mejora nuestro desempeño en
combate... y permite descubir aspectos importantes de la historia de
cada uno de ellos: a lo largo de los mapas hay marcados “puntos de
conversación” en los que, si cumplimos los requisitos de afinidad,
se iniciarán interesantes conversaciones entre los personajes en las
que podremos elegir entre distintas opciones de diálogo para saber
más sobre el pasado y los sentimientos de los miembros de nuestro
equipo. También podemos mejorar la afinidad de nuestro grupo con las
distintas poblaciones (tanto humas como de otras especies
inteligentes) por las que vamos pasando: al realizar misiones
secundarias para las personas necesitadas e ir hablando con la
población mejoramos el concepto de nosotros que se tiene en cada
lugar. Según nos ganemos la confianza de la gente, y consigamos ser
reconocidos como héroes locales, conseguiremos tanto ventajas en las
tiendas como acceso a misiones secundarias más complejas e
interesantes. Para ayudarnos a llevar cumplido registro de las
docenas de personajes con las que nos cruzamos contamos en todo
momento con la Afinipedia, un utilísimo gráfico en el que aparece
la afinidad entre los miembros del grupo, todas las personas que
vamos conociendo y la relación entre ellas, además de la hora en la
que se les puede encontrar. También tenemos menús muy intuitivos
para gestionar el inventario y, por si todo lo visto del sistema de
juego resultara poco, la “Colectopedia”: un álbum que rellenar
con objetos que nos encontramos venciendo monstruos o simplemente
explorando.
Un
detalle muy importante en Xenoblade es el del paso del tiempo y la
hora del día. Tanto las personas como los monstruos tienen sus
propios ciclos temporales: determinados monstruos sólo aparecen por
la noche; algunas personas pueden ser vistas por las mañanas, pero
el resto del día no están a nuestra disposición... Los creadores
del juego han incluido la opción (que se agradece y mucho) de
cambiar la hora a placer, de forma que si estamos en el lugar donde,
por ejemplo, deberíamos encontrar un monstruo único que sólo
aparece de noche, podemos pasar al momento del día que nos conviene
sin tener que dar vueltas innecesarias para dejar pasar las horas.

El
tiempo atmosférico también es variable y a veces hace un hermoso
día soleado, mientras que en otras ocasiones se nos viene encima una
tormenta terrible. Como ya hemos dicho, pese a que el hardware de Wii
no es tan potente como el del resto de consolas de esta generación,
gracias a la magistral dirección artística de este juego resulta un
verdadero espectáculo visual contemplar el atardecer en el
horizonte, los rayos quebrando el cielo en dos o el sol
desperezándose entre las montañas para iniciar un nuevo día.
La excelente banda sonora, obra de
Yōko Shimomura y Yasunori Mitsuda (autores, por ejemplo, de la
música de Kingdom Hearts o Chrono Trigger, respectivamente) acompaña
perfectamente la historia sin hacerse repetitiva ni tomar un
protagonismo excesivo. El doblaje al inglés (Xenoblade está
traducido pero no doblado) es correcto sin ser brillante: los actores
elegidos interpretan muy bien sus personajes, pero muy pronto nos
sabremos de memoria las frases que, por ejemplo, exclaman durante los
combates.
Como
se puede ver, Xenoblade: Chronicles no es un juego complejo,
extremadamente rico en detalles y con muchísimas formas distintas de
afrontar la historia principal. El sistema de juego y la ambientación
darían perfectamente para escribir un manual de un juego de rol de
mesa, y pese a ello en ningún momento tienes la sensación de no
saber qué hacer con tanta opción. La curva de aprendizaje está muy
bien planteada: poco a poco y sin darnos cuenta se nos van ofreciendo
todo (el equipo, la mejora de las artes, el aprendizaje de nuevos
poderes...), a la velocidad necesaria para que nos dé tiempo a
aprender a desenvolvernos sin problemas. El mundo a conocer es
enorme, pero también lo es la historia: según afirman desde la
compañía terminar el juego puede llevar unas 100 horas... Y, según
mi experiencia, casi me parecen pocas: sólo en llegar al punto de la
historia en el que salimos de Colonia 9 me llevó unas 10 horas, y
eso es poco más que pasar la introducción... La historia, que sigue
el clásico esquema narrativo del
Camino del Héroe, sin ser la idea más original del mundo
se va desenredando a una velocidad constante sin perder el interés
en ningún momento, y tiene todos los elementos necesarios para
resultar absorbente: personajes carismáticos, símbolos llenos de
fuerza (como los titanes petrificados), enemigos misteriosos y
aparentemente invencibles... y planeando por encima de todos ellos el
secreto de la espada Monado, aparentemente la clave para terminar de
una vez con la amenaza de los mechons.
Queda
claro que me parece un juego absolutamente imprescindible, y así lo
están reconociendo los medios, la crítica y los jugadores, como
demuestra que incluso en España, pese a los grandes problemas de
distribución que está teniendo, se está vendiendo cada copia que
se coloca en las estanterías de las tiendas. Problemas de distribución, por cierto inexplicables e incomprensibles; esperemos que se solucionen cuanto antes para que los usuarios no tengan que recurrir a la importación para conseguir una copia del juego. Sobre Xenoblade:
Chronicles uno puede sentarse a escribir y empezar a contar
innumerables detalles, internarte en el sistema de fabricación de
gemas, en la gestión del inventario, en las combinaciones de artes;
o recordar momentos emocionantes de la historia, épicos combates y
paisajes que ponen los pelos de punta. Pero es mejor no darle más
vueltas, porque sería una tarea demasiado grande tratar de describir
cada detalle de un juego complejísimo, destinado a ser recordado
como uno de los mejores juegos de rol de esta generación de
consolas. Xenoblade tiene lo mejor de los JRPG clásicos, pero con
sus mecánicas de juego actualizadas para ser más agradable para el
usuario occidental. En definitiva: rompamos de una vez el tópico de
que en España no gustan los juegos de rol japoneses. Demostremos
que, como jugadores, queremos nuevas historias, juegos cuidados y
trabajados y no la enésima repetición de una fórmula manida. Si
tienes una Wii y aún no has comprado Xenoblade, encárgalo en tu
tienda habitual. No te arrepentirás.
Nos
gusta: todo:
la historia, la dirección artística, el sistema de juego, guiños
al jugador como los cambios de hora y los viajes rápidos con el
mapa... Xenoblade es un título brillante de principio a fin.
No
nos gusta: es
una pena que el hardware de Wii no dé para más; ver estos paisajes
en HD sería un espectáculo visual difícilmente superable. Por lo
demás, es difícil encontrar algo negativo en este juego. Puestos a
señalar algo, el repertorio de frases de los personajes en combate
podría ser algo más amplio; también sería útil tener una
“Monstruopedia” con las horas en las que podemos encontrar a cada
monstruo en su hábitat.
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