Antonio Santo | 30 de Junio de 2011 | 16:32
En el principio del tiempo, los dos titanes Bionis y Mechonis se enfrentaron a muerte bajo el cielo infinito, hasta que se mataron entre sí y quedaron petrificados, eternamente enzarzados en su lucha sobre el mar inagotable. Sobre sus cuerpos florecieron bosques, crecieron animales y se desarrollaron distintas razas y civilizaciones. Y sobre uno de estos dos mundos-titán se desarrolla una guerra sin cuartel entre los mechon (pronunciado “mecón”: una raza de seres biónicos) y los humanos homs.
Un héroe, Dunban, consigue expulsar al ejército mechon utilizando la misteriosa espada de energía Monado... Pero para poder controlarla, hay que pagar un precio. Dunban gana la guerra, pero su brazo derecho queda marchito e inútil, y pierde la habilidad de usar Monado. La espada queda en manos del joven Shulk (un investigador de la ciudad humana Colonia-9) que intentará descubrir la forma de controlarla. Hasta que un año después de la guerra empiezan a ocurrir eventos extraordinarios, que sugieren que, tal vez, Shulk esté destinado a ser el nuevo portador de Monado, el que consiga desatar todo su poder...

Éste es el punto de partida de Xenoblade: Chronicles, juego de rol desarrollado por Monolith Soft y publicado por Nintendo para su consola Wii. Hemos asistido a una prueba del juego, que ya ha sido publicado en Japón y se encuentra en las últimas fases de prueba de la traducción para aterrizar en España a finales del verano (entre agosto y septiembre). Os traemos un pequeño avance de lo que será el juego: y es importante que subrayemos que un avance, que refleja unos minutos de prueba, no puede nunca recoger todo lo que parece ofrecer un título como Xenoblade, heredero espiritual (ya que no continúa su historia y personajes) de la Xenosaga.
Y es que el primer adjetivo que a uno se le viene a la cabeza probando este título es enorme. Todos conocemos las limitaciones técnicas en el apartado gráfico de las que adolece la Wii, pero es la única pata de la que parece cojear el juego. Las escenas introductorias (que cuentan la historia que resumíamos antes con más detalles) muestran un planteamiento y un mundo extremadamente sugerentes e interesantes. Una vez entras en el juego, la sensación que da es de vastedad y grandeza. Uno de los objetivos de los creadores de Xenoblade fue conseguir una verdadera sensación de libertad para el jugador, y la enormidad de los paisajes y la posibilidad de caminar por donde uno quiera consiguen realmente ofrecer la sensación de que no estás recorriendo un nivel, sino yendo de un lugar a otro en un mundo desconocido. Para echarnos un cable, siempre tendremos un mapa esquemático y una flecha que nos indica vagamente la dirección a la que debemos avanzar para encontrar nuestro siguiente objetivo.

El sistema de juego está, en cierta manera, emparentado con los clásicos juegos de rol japoneses. Además de explorar el mundo, podremos hablar con los innumerables personajes que nos vamos encontrando, recolectar objetos que nos sirvan para fabricar nuevas armas y armaduras (o simplemente para coleccionar, pues hay algunos que no tienen más objetivo que ése; se consiguen, eso sí, beneficios de irlos acumulando), batallar con animales, monstruos y enemigos y, por supuesto, ir realizando las misiones que se nos encomiendan. No sólo contamos con la línea principal de la historia, sino con multitud de misiones secundarias, que pueden servir para desvelar detalles del argumento, o no tener ninguna conexión con él. Ganamos experiencia combatiendo, consiguiendo objetivos y también cada vez que alcanzamos por primera vez algunos escenarios y puntos de control.
El control del personaje implica tanto el mando normal como el nunchuk: con uno movemos al personaje (corriendo o saltando), fijamos objetivos para combatir y desplazamos la cámara a nuestro gusto; con el otro podemos seleccionar las diferentes (y numerosas) opciones que nos ofrece Xenoblade. El combate resulta parecido al sistema de Final Fantasy XII: una vez seleccionado un enemigo como objetivo, al aproximarnos a él, el personaje empezará a realizar de manera automática su ataque estándar; mientras tanto podemos ir seleccionando diversos poderes especiales, únicos para cada personaje, que tardan unos segundos en recargarse una vez utilizados. Estos poderes son muy variados: sanación y otras capacidades de protección propia o a compañeros, ataques por la espalda, a distancia, mágicos...

En la prueba que realizamos, al principio cuesta un poco hacerse con el control y reaccionar con velocidad cuando hay muchos personajes en la pantalla, pero se tardan pocos minutos en llegar a cogerle el tranquillo. De todas formas, para ayudar a traer a la memoria cualquier detalle sobre el juego, Xenoblade no sólo guarda un diario con los personajes que nos encontramos, las misiones que nos mandan y los datos más importantes para la historia, sino que también estará disponible un tutorial en el que se registran todas las instrucciones que el mismo juego nos va dando en los primeros compases de la partida, de forma que en cualquier momento podemos revisar cómo se usa una habilidad concreta sin tener que suspender el juego.
Como es habitual en este género, no sólo podemos manejar a un protagonista, sino también a todo un equipo de héroes que le acompañan. Como habíamos comentado, nuestro protagonista es Shulk: un joven ingeniero, especialista en construir prácticamente cualquier cosa con la chatarra dejada atrás por los mechons tras la guerra, y que ha consagrado su vida al estudio de la espada Monado. Al principio del juego, descubre que Dunban (héroe de su raza, pero también amigo personal) apenas había conseguido desatar una parte del potencial de la espada... Así que le toca descubrir cómo convertirla en el arma definitiva para mantener a salvo a los homs, sin que eso exija pagar el precio que tuvo que enfrentar Dunban.

Este héroe, al que también llegaremos a manejar, es un guerrero adulto que ha pasado meses intentando recuperarse de las secuelas de Monado... sin conseguir salvar su brazo derecho, que le ha quedado débil e inservible para el combate: nunca podrá volver a empuñar la espada. También estarán a nuestra disposición Dickson, compañero de batalla de Dunban y maestro ingeniero de Shulk; Rein y Fiorung, amigos de la infancia de nuestro protagonista (Fiorung es, además, la hermana pequeña de Dunban); la doctora de Colonia-9, Carna; y los misteriosos Melia y Riki, pertenecientes a razas no humanas.
Como decíamos, es muy complicado mostrar un avance de un juego que, desde el primer minuto, te da a entender que las primeras horas de partida no son más que la punta del iceberg. Todo parece enorme: no sólo los paisajes, sino también la cantidad de opciones, de objetos que recolectar y los usos que darles a estos, y de personajes con los que hablar. Podemos asegurar que el control es tan sencillo como efectivo; la música es absorbente y mantiene el tono adecuado; y la historia atrapa desde el principio. Nos quedamos con ganas de más, lo que creemos que siempre es una buena señal. En el platillo negativo de la balanza hay que colocar los gráficos, atrasados para el año en que estamos, aunque sea culpa del handicap del hardware, y no producto de la dejadez de los programadores. Xenoblade: Chronicles viene precedido por críticas extraordinarias tras su lanzamiento en Japón, con evaluaciones altísimas por medios, crítica especializada y jugadores.

Lo que hemos disfrutado nos hace pensar que tanta alabanza no es exagerada, y Xenoblade será un título imprescindible. Según Nintendo, podremos comprobarlo a finales de este verano.