Habrá quien recuerde la serie y película animadas, su protagonista y su marcado estilo violento. Se hacía raro que una franquicia de ese tipo no viera la luz en los videojuegos. Finalmente, de la mano de Tecmo/Koei llega a nuestras tiendas la adaptación y es hora de saber si podremos recrear fielmente las andanzas de aquel que domina el arte del Hokuto Shinken.
De dibujos animados
Hay que tener presente que se trata de hacer un juego en base a la serie. Esto así a nivel técnico es una carga ya que a nivel gráfico, si bien hace una fiel recreación de los dibujos de la serie, queda un poco obsoleto a estas alturas. Del mismo modo, la música, con esas guitarras eléctricas marcando el ritmo, reflejan fielmente la que podíamos escuchar. Incluso la violencia, esa por la que tanto marcó en su momento, con tanta sangre y cuerpos explotando (por la presión de los puntos correcto, claro...) se mantiene igual. Incluso la historia sigue unos patrones aceptables para lo que se nos ofrecía por la tele. A saber: Ken, el protagonista inspirado obviamente en Bruce Lee, va en busca de su amada. Ésta ha sido secuestrada por un malvado villano, por lo que a nuestro protagonista no le quedará otra que abrirse camino a mamporro limpio teniendo que, antes de llegar al combate final, enfrentarse a unos cuantos “mandos intermedios” además de los maleantes de poca monta. Posteriormente, en el juego tenemos el aliciente de poder ver otro punto de vista de esa misma campaña, al poder ver la versión de otros personajes al jugar con ellos para descubrir qué les llevó a enfrentarse a Kenshiro y decir lo que le dicen, por lo que no sólo se mantiene fiel sino que ofrece una visión más amplia.
No todo tan bonito
Hasta aquí todo podría depender de cuanto te gustara en su momento la franquicia. El problema viene en que a nivel jugable este Ken's Rage no llega a desarrollar todo el potencial que de él se podría esperar. Nuestros personajes (como ya he dicho además de Ken podremos controlar otra serie de personajes) cuentan con una serie de habilidades y mejoras que, según vayamos avanzando, iremos desbloqueando. Esto hace que al principio la gama de golpes sea muy básica y su mecánica sea algo hosca. Con el paso de las horas de juego, según vamos desbloqueando habilidades, poderes y golpes este mal se palia un poco, pero no obstante sigue sufriendo momentos que, tras un golpe, no podemos hacer nada porque aquél al que controlamos pasa de nuestras ordenes y se queda mirando al rival. Podríamos aludir, no obstante, que se trata de un acto propio de nuestro personaje, pero es que no es el único problema con los controles. Ciertos golpes acabas dándolos “a la buena de dios” y no sabes, a ciencia cierta, donde acabarán. Esto es especialmente reiterativo cuando llevas un personaje cuya fuerza radica en golpes a distancia. Esto así, en la mayor parte del juego, cuando nos enfrentamos a oleadas de enemigos de aspecto similar, acabamos encontrando un golpe efectivo contra ellos y nos limitamos a repetirlo hasta el momento de la lucha final de nivel contra el enemigo de final turno.
Estos enemigos son más duros, hacen más daño y en ocasiones llaman a secuaces para que les ayuden, pero, una vez descubres la combinación con la que hacerles daño, acaba siendo una simple sucesión de momentos aguardando el momento oportuno para soltarle el golpe preciso. Según bajan de nivel de vida verás que se rompen ciertas barreras en su barra. Cada rotura de estas supone dos cosas: una que ya te queda menos y otra que el enemigo cambiará de rutina de ataque. En los primeros jefes finales este cambio no supondrá que tengas que devanarte demasiado los sesos para descubrir la nueva mecánica, mientras que en los más avanzados sí que te exigirá algo más de atención. Sea como fuere, una vez terminas de agotar su barra de vida, para acabar con él, tendrás que darle el golpe de gracia que no será otra cosa que una serie de QTEs que de fallar devolverán parte de vida a tu oponente, por lo que te tocará volver a acabar con la barra y tratar de acertar esta vez en la sucesión de botones a pulsar. Y este desarrollo de mapa lleno de oleadas de enemigos con jefe final es en el modo historia, porque en el modo sueño, donde vemos otras batallas que les suceden a los personajes con los que Ken se va cruzando, la cosa es mucho más simple: escenarios mucho más parecidos entre ellos (aún) tienen en ciertas encrucijadas urnas de las que sale un fuego rojo. Este fuego rojo significa que, al más puro estilo Gauntlet, oleadas de enemigos seguirán reapareciendo en ese lugar hasta que te hagas con ese punto (generalmente acabando con los rivales que lo rodean). En ese momento el punto pasa a ser tuyo y son tropas afines a tí las que van llegando. En estos mapas, te encontrarás con líderes enemigos que deberás derrotar, pero a diferencia de los combates con Ken en modo historia, estos jefes no precisan de un combate específico y, si bien siguen algunas rutinas que veremos cuando luchan contra el protagonista, se trata de encuentros mucho más sencillos. Por lo demás los escenarios, que si bien en modo campaña cuentan con sus triquiñuelas, como pasadizos “secretos” que puedes descubrir derribando muros, generalmente pecan de repetitivos y poco inspirados. Eso sí, prácticamente cada muro, poste, bidón o sacos de arena que te encuentres se presentan a ser destruidos por tus golpes o, mejor aún, al lanzar a un rival contra ellos.
Conclusión:
Y en ello radica gran parte del problema de este juego. La serie está fielmente recreada a la hora de ver a personajes, enemigos, gestos, frases, sonido... el problema es que el juego que debía sustentar ese homenaje hace aguas. No obstante, si te lo tomas como mero divertimento o eras un fiel seguidor de la estas aventuras, sirve para dar rienda suelta a tu sed de sangre de cinco minutos, especialmente con Kenshiro y con los golpes que hacen explotar a tus rivales.
Lo mejor: Algunos golpes y sus consecuencias en los enemigos (que explotan tras deformarse) así como la recreación de los personajes, gráficos y sonido (comparado con una serie-película de animación de los ochenta).
Lo peor: Pobre jugablemente, repetitivo la mayor parte de las veces.
Alternativas:
Dinasty Warriors: Más variado, con algo más de miga jugable.
Ficha técnica
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